Las pruebas manuales no son el enemigo, pero el tiempo sí lo es.

La semana pasada tiré una piedra al avispero en LinkedIn:

"¿Aún haces/contratas pruebas manuales? Elimina, de raíz, ese dolor de cabeza...". Dije que eran ineficientes, costosas y lentas, y que herramientas como SBOT, con su enfoque low-code, podrían revolucionar el juego. El post explotó y, ups, viví el rigor de las redes: likes, risas y una cascada de comentarios. Casi todos negativos. Algunos defendieron la chispa humana del testing manual; otros apuntaron a los bugs de nuestra web como prueba de que no practicamos lo que predicamos. Prometí un artículo para aclarar las cosas, y aquí estoy, dando la cara, con la cabeza en alto y una historia que contar.

No voy a retroceder del todo.

Las pruebas manuales tienen su magia. Llevo más de 20 años dirigiendo proyectos y equipos de QA, y muchos viven o mueren por la calidad. En este largo y apasionante recorrido por el mundo del software, he visto héroes del testing manual explorar la experiencia de usuario, cazar fallos visuales y navegar flujos caóticos interminables. En sistemas Legacy —esas pantallas verdes que parecen fósiles, se niegan a morir y sostienen bancos, hospitales, retail y grandes empresas—, la intuición humana es crucial. Lo he vivido: testers manuales encontrando un “pequeño error” que salva un lanzamiento. Así que sí, el testing manual importa.

Pero aquí viene el golpe duro: el tiempo no perdona.

En esos mismos proyectos, las regresiones manuales nos atrapaban. Semanas repitiendo casos, revisando pantallas, anotando resultados. Los costos se disparaban, los plazos se alargaban y, aun así, había errores que se nos pasaban porque no podíamos abarcarlo todo. Según Perfecto (miembro de Perforce desde 2019), el 35% de las empresas señalan al testing manual como el mayor cuello de botella del desarrollo. No es un ataque a los testers; es un grito desde un mundo donde el time-to-market es rey y la calidad no se negocia. Dependíamos de lo manual, y esa manualidad nos ahogaba.

La salida es la automatización, pero no cualquiera.

Probé scripts codificados a mano: potentes, sí, pero exigían skills técnicos que no todos tenían y un presupuesto que dolía justificar. En algunos casos —pocos, por cierto—, testers brillantes luchaban con líneas de código en lugar de enfocarse en la calidad. ¡Otro dolor de cabeza! Hasta que SBOT entró en escena y cambió las reglas. En seis u ocho semanas, un tester manual promedio se volvió un maestro de la automatización low-code. Sin cursos eternos ni doctorados en programación. Solo una herramienta que funcionaba.

Los números no mienten.

Con SBOT, ejecutamos pruebas un 80% más rápido que con métodos manuales. Regresiones que eran un calvario de días se reducían a horas. El time-to-market mejoró un 30%, porque en este juego el tiempo es oro y no lo desperdiciamos. La cobertura subió un 40%, gracias a un scripting ágil que nos dejó probar más y más profundo. El State of Software Quality Report 2024 lo respalda: la automatización mejora la calidad del software un 51%, permite pruebas más frecuentes (49%) y entrega precisión (34%) que corta riesgos de raíz. No es teoría; lo viví.

Y luego está Legacy, el as bajo la manga de SBOT. En LinkedIn decían “ninguna IA puede con sistemas antiguos”. SBOT no es IA pura, pero es una de las pocas herramientas en el mundo que automatiza pantallas verdes, Telnet y tecnologías que se niegan a morir. En un proyecto reciente, conectamos SBOT a un mainframe que parecía sacado de los 80. Ejecución paralela, pruebas modulares, integración a pipelines y resultados en tiempo récord. Donde otras herramientas se rinden, SBOT se planta firme. No es solo velocidad; es dominar un terreno que casi todos ignoran.

Mea culpa.

¿Y los bugs de nuestra web? Los críticos tenían razón: no estaba a la altura del mensaje que predicábamos. Nos dolió, pero escuchamos. Rediseñamos desde cero y lanzamos una versión nueva. No somos perfectos, pero aprendemos rápido. SBOT no busca eliminar a los testers manuales; los empodera para ir más allá, más rápido, con menos peso sobre los hombros.

Conclusión.

Al final, las pruebas manuales y automatizadas no son rivales; son aliadas. Pero aferrarse solo a lo manual es como correr una carrera con cadenas. SBOT no reemplaza a las personas; las libera para brillar en lo que importa. Para equipos que buscan calidad sin sacrificar tiempo ni presupuesto, es una jugada inteligente. Únete a la conversación en LinkedIn o prueba SBOT en sbot.co. El futuro no espera, y nosotros tampoco.

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Miguel F Buitrago
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